¡Bienvenidos al blog de Santillana Proyectos!

Les proponemos llevar a sus aulas una de las metodologías activas más interesantes para el desarrollo de las competencias, el trabajo por proyectos.

Son muchos los docentes que ya hace tiempo han comenzado a trabajar por proyectos en sus aulas. Otros, en cambio, están comenzando a investigar cómo trabajar con esta metodología. En este sentido, los nuevos materiales Santillana Proyectos están pensados para todos aquellos equipos docentes que deseen trabajar esta metodología mediante el apoyo de un material más abierto y adaptable a las necesidades e intereses de sus estudiantes.

El aprendizaje basado en proyectos se ha mostrado como una de las metodologías más eficaces para lograr que los estudiantes desarrollen las competencias que demanda la sociedad del siglo XXI haciéndolos más autónomos, desarrollando su capacidad para investigar y resolver problemas, para trabajar en equipo, para innovar y para construir conocimiento relevante por sí mismos.

Una propuesta actual e innovadora de adquisición de conocimientos, articulada en torno a la metodología del trabajo por proyectos, con la que dar respuesta al reto de potenciar estudiantes curiosos, capaces de formular preguntas y buscar respuestas, activos, colaborativos, creativos, participativos y autónomos.

Mediante los diferentes artículos y experiencias de aula que encontrarán en este blog esperamos poder animarlos a explorar las múltiples posibilidades que ofrece Santillana Proyectos.

Los animamos a que participen de forma activa en nuestro blog dejando sus comentarios, preguntas y sugerencias. Esto nos ayudará a preparar contenidos cada vez más ajustados a sus necesidades e intereses. Y, por supuesto, estaremos encantados de recibir fotografías, videos y textos con sus experiencias.

¡Es hora de ponerse las mochilas de la creatividad, la ilusión y las ideas, y entrar a un mundo donde nuestros estudiantes son los verdaderos protagonistas de su aprendizaje!

 

Etapa inicial de un proyecto: el punto de partida

Llegado el momento de implementar los proyectos, lo primero con que nos encontramos es con tres etapas diferenciadas: punto de partida, tareas de investigación y finalizamos el proyecto.

Estas tres etapas responden a lo que conocemos como secuencia didáctica. Una secuencia didáctica no es más que una guía de actividades ordenadas de forma coherente con el objetivo de que el alumnado alcance los aprendizajes propuestos. Para este fin, se establecen una serie de fases: la fase inicial, la fase de desarrollo y la fase final.
Cada una de estas fases se ocupa de una función específica dentro del proceso de aprendizaje: la fase inicial prepara a los alumnos y alumnas para el aprendizaje, en la fase de desarrollo se proponen diversas actividades con el objetivo de introducir y trabajar nuevos contenidos, y la fase final se encarga de evaluar y reflexionar sobre los aprendizajes logrados.
A continuación, vamos a ver algunas orientaciones y ejemplos de cómo plantear las actividades del punto de partida de un proyecto.
¿Qué tareas desarrollamos en el punto de partida de un proyecto?

Una de las primeras tareas a desarrollar en la secuencia didáctica de un proyecto es presentar el tema de forma motivadora. Para ello podemos ayudarnos de vídeos u otros recursos multimedia y procurar acercarnos a la realidad de los estudiantes, iniciando un debate o haciéndoles preguntas sobre qué piensan, si viven o han vivido alguna situación similar a la sugerida, si se habían planteado alguna vez el problema tratado, etc. Por ejemplo, si trabajamos el proyecto «Me siento bien», sobre hábitos saludables, podemos empezar con algún vídeo sobre deportistas famosos y preguntar a los alumnos cómo mantienen su estado de forma, si es saludable la vida de un deportista de élite…
Tras presentar el tema nos será fácil enlazar con la siguiente actividad de la secuencia: evaluar y activar sus conocimientos previos. Es importante tener en cuenta que cuando hablamos de evaluar no lo hacemos en el sentido habitual de la palabra: no calificaremos ni corregiremos, sino que simplemente recopilaremos información sobre el nivel del alumnado y, a la vez, estimularemos sus conocimientos previos sobre el tema del proyecto.
Para lograr nuestro propósito podemos comenzar planteándoles unas sencillas preguntas que, posteriormente, conduzcan al debate. Por ejemplo, si estamos trabajando el proyecto «Nuestros amigos los animales», podemos interesarnos por el último animal que han visto: ¿dónde lo vieron?; dicho lugar, ¿es su hábitat natural?; en caso de que no lo sea, ¿cuál es su hábitat?; ¿conocen otros animales que vivan en el mismo hábitat?; ¿qué otros hábitats conocen?, etc.

Seguidamente, realizaremos actividades para compartir los objetivos y evidencias de aprendizaje y criterios de evaluación, es decir, explicaremos a los alumnos qué se espera de ellos y cómo queremos que lo consigan. Los mapas conceptuales son útiles para esta parte de la secuencia de aprendizaje, así como para activar los conocimientos previos de los alumnos y detectar las lagunas existentes. Dichas lagunas se pueden expresar en forma de objetivos de aprendizaje mediante la pregunta: ¿qué queremos aprender y todavía no sabemos? Otro uso de los mapas conceptuales es mostrar al alumnado la relación entre sus conocimientos previos y aquellos que esperamos conseguir con el proyecto.
Una vez nuestros alumnos y alumnas tengan claro lo que se va a trabajar en el proyecto debemos darles tiempo y espacio para planificar las acciones o tareas necesarias para dar respuesta a la situación inicial. Para ello les propondremos un tipo de actividades conocidas como «bases de orientación», es decir, un listado ordenado de las acciones necesarias para realizar un proceso, en este caso, las tareas que componen el proyecto.
Una manera eficaz de desarrollar en los estudiantes las habilidades y capacidades relacionadas con la autonomía personal consiste en implicarlo en la planificación. Puesto que Santillana Proyectos ofrece el listado de pasos a seguir en cada proyecto, podemos proponer a los estudiantes que lo revisen o bien que lo comparen con el listado que ellos mismos hayan elaborado. A medida que va avanzando el proyecto se puede ir comprobando la planificación de los estudiantes y acabar de ajustar aquello que sea necesario.
Como ves, la fase inicial de un proyecto tiene como objetivo preparar a los niños y niñas para el aprendizaje. Santillana Proyectos ofrece diversas actividades que responden a este requisito, pero recuerda que puedes ampliar y añadir otras actividades para adaptarlas a tus estudiantes.

Los animamos, poner en práctica alguna de estas actividades y a que nos cuentes cómo las has realizado y cuál ha sido el resultado.

TRES IDEAS PARA DIVERSIFICAR LOS INSTRUMENTOS DE SEGUIMIENTO DE LOS PROYECTOS

El trabajo por proyectos puede ser una metodología que aporte resultados muy constructivos y significativos en los procesos de enseñanza de nuestros alumnos de Primaria, pero para conseguirlo es importante que este proceso se regule y promueva el aprendizaje paso a paso y con consciencia.

Como ya vimos en el artículo «¿Qué es la evaluación formativa y formadora?», la evaluación formativa y formadora estará siempre presente en nuestros proyectos, pero ¿cómo hacemos que funcione?, ¿qué tipo de instrumentos podemos aplicar? En este artículo te ayudamos a resolver estas preguntas.

Las características de las herramientas de la evaluación reguladora

Los proyectos son sistemas vivos y por ello, a medida que vamos avanzando y el proyecto se va construyendo, puede pasar que lo que al principio estaba muy bien programado a la larga se modifique o cambie para adaptarse mejor al contexto y a los chicos y chicas. Es entonces cuando cobra mayor importancia la evaluación formativa y formadora y cuando tenemos que utilizar herramientas que nos permitan:
• Promover un seguimiento activo del trabajo de nuestros alumnos y alumnas.
• Desarrollar la autorregulación entre nuestro alumnado.
• Facilitar la toma de conciencia de lo que cada alumno y alumna va aprendiendo.

Rúbricas

Es imprescindible que a lo largo del proyecto se establezcan pautas de evaluación que ayuden al alumnado a reflexionar sobre su propio aprendizaje.
En Santillana Proyectos, al finalizar cada tarea contamos con las rúbricas propuestas en los cuadernos para facilitarnos esta tarea, pero también podemos variar el instrumento utilizado, por ejemplo:
• Un minicuestionario.
• Un checklist.

Bases de orientación

Este instrumento de la evaluación formativa y formadora sirve para orientar al alumnado sobre las tareas y actividades a realizar. También se lo conoce como guías de navegación o cartas de estudio. Se centra principalmente en responder a esta cuestión: ¿en qué debemos pensar o qué debemos hacer para resolver la tarea? Las bases de orientación permiten establecer pautas de actuación y promueven la mecanización de las actuaciones para interiorizarlas.

Para realizar una base de orientación, por ejemplo, si trabajamos en nuestro proyecto:

  1. Plantear la pregunta guía del proyecto: ¿Qué sabemos sobre la salud y el autocuidado?
  2. Dejar que los alumnos y alumnas piensen en cómo resolver la pregunta.
  3. Ayudarlos a organizar las preguntas que tienen que resolver: ¿Cómo cuidamos nuestra salud?, ¿Cómo debo lavar mis manos para evitar enfermarme?, ¿Quiénes nos cuidan y protegen?, ¿Cómo debemos alimentarnos?, etc.
  4. Los estudiantes pueden formular nuevas preguntas con respecto a su contexto: ¿Cómo debo cuidarme para no enfermarme debido al Covid-19?
  5. Elaborar un listado ordenado de las acciones que habrá que llevar a cabo.

Una vez consensuado con toda la clase lo que tendremos que resolver, podemos utilizar este listado para ir revisando si vamos avanzando correctamente o no en el proyecto.

Para guiar a nuestros estudiantes en la elaboración de la base de orientación podemos utilizar un organizador gráfico como el siguiente:

El portafolio o carpeta de aprendizaje

Además de la revisión de los aprendizajes, los alumnos y alumnas irán generando ideas, opiniones y reflexiones sobre lo que van aprendiendo. En el ejemplo: El Almuerzo Saludable, acabarán fijándose en si lo que comen en el comedor de la escuela, en casa, etc., es saludable o no. Estas reflexiones también forman parte del aprendizaje de nuestros alumnos, por lo que les podemos proponer que las guarden en su carpeta de aprendizaje.

Cuando el estudiante registra su propio avance, esto le permite monitorear y evaluar su proceso de aprendizaje, llevándolo hacia la reflexión y desarrollando cierta autonomía, asumiendo un rol activo en este proceso. Por su parte el docente cuenta con una mirada panorámica con respecto a cada uno de sus estudiantes, de tal forma que puede retroalimentarlos de forma más eficiente y personalizada.

Asimismo, este debe lograr ser un instrumento que permita evidenciar la metacognición, de tal forma que los estudiantes puedan no solo coleccionar evidencias sobre las sesiones, sino además registrar sus propias reflexiones sobre los aprendizajes logrados o en proceso, estableciendo las dificultades encontradas, así como las soluciones que brindaron a las diversas problemáticas planteadas.

Puesto que al elaborar el portfolio o carpeta de aprendizaje debemos adecuarnos a los diversos contextos y variantes que pueda presentar el proceso de enseñanza-aprendizaje, tendremos mucha flexibilidad para decidir cómo hacer el nuestro y si lo creemos conveniente podemos hacer algunos cambios en el camino. Para ello podemos utilizar como punto de partida la propuesta de cuaderno de equipo que tenemos en la guía didáctica de cada proyecto. A este cuaderno podemos ir añadiendo las autoevaluaciones de cada tarea, la base de orientación elaborada y su seguimiento y las reflexiones que vayan surgiendo.

Es importante orientar a los estudiantes sobre cómo realizar el registro y gestionar el portafolio en el contexto de la educación a distancia. Desde la virtualidad podemos elaborar un portafolio digital, de tal forma que tanto estudiantes como docentes puedan acceder a este registro constantemente y realizar las retroalimentaciones pertinentes. Para ello es necesario socializar previamente cómo será el proceso de evaluación de este recojo de evidencias y la estructura que tendrá. Por último, es una gran oportunidad para incorporar y acompañar en el desarrollo de las competencias transversales, tales como las referidas al uso de Tics y la autogestión del aprendizaje.

Si has utilizado alguno de estos instrumentos en los proyectos, cuéntanos cómo ha sido tu experiencia.

¿Qué es la Evaluación Formativa y Formadora?

Al realizar la programación del año, ¿en qué momento solemos diseñar las actividades de evaluación? En muchos casos es al final de los procesos. Pero ¿no deberíamos diseñarlas de forma paralela a las actividades de aprendizaje, investigación, etc.?
En el caso de la secuencia didáctica de los proyectos sucede lo mismo, que una vez finalizada es cuando nos planteamos la necesidad de evaluar ciertos contenidos. Así pues, a la hora de evaluar podemos hablar de diferentes momentos, agentes e incluso distintas intenciones si queremos asegurar que los aprendizajes sean significativos, de calidad y duraderos.
En este artículo nos vamos a centrar en la evaluación que solemos olvidar: la evaluación del proceso o evaluación formativa y formadora.

 

¿En qué consiste la evaluación formativa y formadora?

La evaluación formativa y formadora es aquella que busca recoger datos durante el proceso de enseñanza-aprendizaje de forma continua y significativa. Veamos los matices de cada una de las partes.

Como se puede deducir, la finalidad de este tipo de evaluación es asegurar que el proceso de aprendizaje de los estudiantes siga un ritmo apropiado y se cubran las necesidades específicas de cada uno. Esta evaluación tiene la clara intención de ayudar, con procesos, instrumentos y actividades, a la mejora del aprendizaje.

Y nos preguntaremos, ¿cómo se aplica en los proyectos?

Para aplicar la evaluación formativa y formadora en los proyectos deberemos tenerla presente en sus diferentes fases. Esto no quiere decir que debamos estar recogiendo datos todo el tiempo o evaluar continuamente, sino que lo que se nos exige es organización y previsión.

 

Podemos sugerir actividades complementarias a las propuestas en Santillana Proyectos que nos ayuden a recoger la información específica que queremos conocer de nuestros estudiantes, o bien seleccionar de las actividades ya creadas las que usaremos para obtener la información que nos interesa a la hora de hacer el seguimiento del proceso de aprendizaje de cada niño o niña.

Por otro lado, para fomentar la evaluación formadora, es decir, la que ayuda al estudiante a su propia autorregulación, podríamos considerar hacer una pequeña lluvia de ideas colectiva al finalizar cada sesión sobre qué hemos aprendido, qué no ha quedado claro y qué aspectos queremos trabajar de forma inmediata el siguiente día. Las conclusiones podrían recogerse después en forma escrita por grupos (en modo de mapa conceptual, acta o cualquier otro método que mejor se les acomode), asimismo ante la coyuntura actual es de suma importancia organizar el recojo de evidencias en el Portafolio de cada estudiante. Esta tarea de autorregulación también se puede desarrollar con los ejercicios de autoevaluación que encontrarás al final de cada tarea de Santillana Proyectos.

En la evaluación formativa y formadora es importante que haya variedad de actividades. Es decir, el ejemplo dado anteriormente es bueno para ir alternando en algunas sesiones, pero para que la evaluación sea efectiva no debe hacerse siempre la misma actividad. Por ejemplo:

¿Qué papel tiene el docente?

Las decisiones que se pueden tomar o por las que se propone reflexionar dependen, claramente, del nivel madurativo del grupo. No obstante, esto no impide que los más pequeños puedan trabajar la evaluación formativa perfectamente, solo es necesario programar acciones que vayan evolucionando paralelamente con los propios niños y niñas en su proceso madurativo.

Se trata de potenciar y promover la «naturalización» de la evaluación. Eliminar ese papel único de juzgar y buscar el error, y sustituirlo por el momento del proceso en el que cuando detectamos un problema (profesorado y alumnado) trabajamos para su mejora y superación.

Algunos elementos clave para poder desarrollar una evaluación formativa, formadora y, en conjunto, constructiva son:

  1. Compartir los criterios de evaluación desde el principio, así nos aseguramos de que los alumnos y alumnas saben no solo cuándo se los evaluará, sino también sobre qué aspectos en concreto.
  2. Consensuar herramientas y agentes, haciendo que así se tomen corresponsabilidades.
  3. Crear instrumentos fáciles de usar y con los que extraer información.
  4. Realizar una reflexión sobre qué ha pasado y cómo se puede mejorar.

La evaluación formativa y formadora busca dar pistas, herramientas o momentos de reflexión a través del proceso continuo. Es aquí donde tenemos capacidad el equipo docente y los propios alumnos y alumnas de tomar decisiones que nos ayuden a potenciar o corregir procesos para la mejora del aprendizaje.

¿Cómo aplicas estos aspectos en el desarrollo de tus proyectos? Cuéntanos.